sábado, 6 de enero de 2018

Viendo la primera temporada de DARK

Hacía tiempo que echaba de menos una serie que me generara esa sensación mística que viví con Perdidos. Capítulos que suponen un reto intelectual y que desembocan en maravillosos quebraderos de cabeza. Cuando te sumerges en una misteriosa trama llena de suspense, mezclada con conceptos y enigmas filosóficos, religiosos y científicos, el entretenimiento, por lo menos para mí, está garantizado.
Atención: SPOILER
DARK plantea un escenario peculiar. Un chico, en 2019, ha desaparecido en una ciudad alemana. Dicha ciudad tiene una central nuclear que jugará un papel decisivo en toda la trama. No obstante, no es el único chico desaparecido. Treinta y tres años antes, Mads, el hermano de Ulrich, un policía, también se esfumó sin dejar rastro. Además, un hombre llamado Michael se suicida dejando una carta que solo se podrá abrir un día determinado a una hora determinada. Ese día, a esa hora, también desaparece Mikkel, el hijo de Ulrich. Misteriosamente, Mikkel aparece en 1986. Ha viajado -adentrándose en unas cuevas situadas cerca de la central- a través del tiempo.

El sistema de cuevas esconde un laberinto que permite dar saltos en el tiempo de treinta y tres años.  Paralelamente van apareciendo cadáveres de niños con los ojos quemados en varias de las épocas que nos sugiere esta temporada: 1953, 1986 y 2019. ¿Por qué se puede viajar en el tiempo? ¿Por qué aparecen estos niños muertos? Además, un oscuro y ambiguo sacerdote, Noah, parece esconder un plan oculto en esta batalla. ¿Quién es Noah?, ¿qué pretende? ¿Qué papel juega el número 33?
Cada uno de los personajes está conectado con los demás de una forma mucho más estrecha de lo que, a priori, podemos entrever en los primeros episodios. Pasado, presente y futuro se encuentran en un mismo plano hasta llegar al momento en que nos enfrentamos al eterno retorno de Nietzsche. Sí, una paranoia, pero deliciosamente excitante.

DARK no solo es una serie sobrenatural. Como os comentaba, todos los personajes están conectados y la mayoría tienen una doble vida, con multitud de secretos y aspectos que ocultar. Este campo también es muy interesante y no hace sino enriquecer aún más la serie.
Otro aspecto para destacar, además de esa fotografía llena de sombras, lluvia y oscuridad, es una música de máximo nivel que genera una atmósfera totalmente perturbadora.
Es posible que los primeros capítulos pierdan un  poco, pero considero que es debido a que esta serie exige un nivel de atención y de concentración del espectador por encima de la media de productos a los que estamos acostumbrados. Más que puro entretenimiento pasivo, la veo como un juego mental entre los creadores y los que nos ponemos enfrente de la pantalla, que en ocasiones podemos perdernos en el laberinto de personajes.  Para algunos, esa complejidad puede ser un problema; para mí es una bendición.

Espero que la segunda temporada cumpla las expectativas que me ha generado la primera, porque se pueden plantear varios caminos narrativos: desarrollar más el papel de Jonas, que se convierte en una especia de viajero en el tiempo; y, cómo no, profundizar en esa batalla de la que habla Noah entre el bien y el mal cuyo objetivo es controlar los viajes en el tiempo.

Para concluir, os comento algo peculiar que me ha pasado esta Navidad. Leyendo un libro sobre  Japón y el Ikigai (objetivo que todos nos ponemos en la vida y que se convierte en nuestro motivo para vivir felices), me encontré de golpe con una oración que aparece en la serie y que uno de los personajes entona en varias ocasiones. Cuando la escuché me pareció fantástica, pero, al leerla, es como si me viera en la obligación de traerla aquí y fijarla en el blog. Tanto en DARK como en el libro solo se comenta una parte, para mí  la más curiosa.  Os traslado la traducción que aparece en Wikipedia, que no coincide con la traducción que vi en la serie (por lo menos, en la versión subtitulada del alemán).

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,
fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar
y sabiduría para entender la diferencia.


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