jueves, 28 de agosto de 2014

Leyendo “Yo fui Johnny Thunders”



Música, drogas, esperanzas rotas, rock, familias desestructuradas, sueños incumplidos, pasiones deshechas, caminos truncados, infancias sin recuperar, sexo… Un cóctel explosivo que encontrarás en “Yo fui Johnny Thunders”, escrito por Carlos Zenón. Sin lugar a dudas, estamos ante una intensa historia que trasciende la novela negra tradicional para ofrecernos un retrato protagonizado por una serie de perdedores que creían que acabarían siendo héroes.


Francis, Mr. Frankie, es un viejo rockero catalán  que sólo triunfó como yonki. Divorciado, con hijos que no ve, con deudas, sin trabajo y con un pasado de vieja gloria de barrio en decadencia, decide trasladarse a vivir con su padre, Paco. El viejo es un jubilado que vive con una pensión mísera y obsesionado con una hija adoptiva, Marisol, de la que abusó de niña. La chica, una belleza que se ha ido liando con los tipos más indeseables que se puede uno encontrar por la calle, termina víctima de uno de sus ligues, Don Damián, un anciano mafioso  de pacotilla que se enerva al ver cómo su jovencita le anda poniendo los cuernos. 


Mientras Francis intenta resolver su vida deambulando por las calles de Barcelona, sólo consigue fastidiarla más. La droga lo termina por envolver de nuevo debido a su debilidad, a su falta de expectativas o al típico y a la vez falso complejo de autocontrol -creen que pueden consumir cuando quieran y luego dejarlo- y victimismo que ha acompañada a tantos drogadictos (cuando no pueden más, culpan a los que le rodean de sus miserias).


Mientras  intenta reiniciar la relación con su hijo, su padre y su hermanastra, buscar trabajo y convertirse en alguien decente, el mundo se sigue desmoronando a sus pies. ¿Qué queda del rockero que encandilaba a las chicas?, ¿del héroe del barrio?

“Yo fui Johnny Thunders” recuerda mucho a esa época ochentera en la que en España el caballo hizo estragos circulando por las calles a ritmo de guitarra eléctrica y descontrol.  Muchos se quedaron tirados  a mitad del  viaje, muy pocos llegaron a ser “importantes”.

Os dejo una de las canciones más mencionadas en la novela,  “Debaser”, de los Pixies. Que suene la música.


domingo, 17 de agosto de 2014

Leyendo “Hyperion” de Dan Simmons





“Hyperion”es un poema de John Keats que sirvió como título a una estupenda obra de ciencia ficción  -fruto de la mente de Dan Simmons  y convertida en un clásico del género- de la que he disfrutado mucho este verano. 

Compuesta a su vez por tres novelas, en esta primera entrega, varios peregrinos, cada uno con una interesante historia a sus espaldas, viajan al planeta Hyperion. En este lugar se encuentran las famosas Tumbas del Tiempo, centro  sagrado de una extraña iglesia que rinde culto a Alcaudón o, como es conocido por sus seguidores,  “el señor del dolor”.  Aquí, en medio de una guerra en ciernes contra los éxters, los peregrinos deberán enfrentarse a uno de los mayores enigmas del universo.

Homenajeando a los cuentos de Canterbury y a la literatura en general -hay que señalar las referencias a “Neuromante”, de donde extrae muchos conceptos, como el hielo negro que refugia determinados datos en el ciberespacio, etc.-,  Simmons construye una intensa novela en la que hay lugar para el misterio, el amor, la acción, el misticismo, la religión, el amor filial y muchas cosas más.

¿Qué son en realidad las Tumbas del Tiempo? El Alcaudón, ¿es una criatura del futuro que regresa para ajusticiar a los habitantes de  los distintos planetas que pertenecen a la hegemonía? Destrozada de por vida, la vieja Tierra es cosa del pasado. Ahora, múltiples planetas se unen a la hegemonía y se conectan por teleyectores. La inteligencia artificial está separada de la humanidad y se encuentra  ligada al TecnoNúcelo, y lo que es más interesante, sus miembros también están interesados en investigar a Hyperion y el misterio de las Tumbas. ¿A qué se debe?

Con respecto a los personajes, tenemos a los siguientes: un poeta, un religioso, un cónsul, un investigador científico y su hija, una detective, un militar y un miembro de la hermandad templaria. A mí, personalmente, me han impactado las historias  -por su componente poético y a la vez dramático- tanto de la detective como la del investigador. Pero cada uno de los peregrinos tiene algo que no dejará a nadie indiferente.