viernes, 21 de marzo de 2014

Viendo la película “Origen”, dirigida por Christopher Nolan




OrigenDesde que vi Memento, Nolan se ha convertido en uno de esos directores de cine que hace cosas que siempre me interesan. Llevaba tiempo con ganas de echarle el guante a Origen, cinta protagonizada por Leonardo Di capio. Una extraña y trepidante historia cuyo final no dejará a nadie indiferente.

Atención: cuento muchos detalles de la película. Si eres como yo, que no quieres que te cuenten detalles e incluso intentas no leer las sinopsis, no sigas leyendo. 

Di Caprio da vida a Domm Cobb, un especialista en navegar por los sueños de las personas en búsqueda de secretos. Trabajaba por encargo siendo, digamos, la versión futurista de un ladrón de bancos. Cobb trabaja en grupo y el equipo se encarga de construir un sueño para poder adentrarse en la mente del sujeto al que pretenden robar y, así,  convencerle para que le dé la información requerida (desde secretos industriales hasta números de caja fuerte). Pero la mente a la que  intentan piratear moviliza todo su subconsciente que, como si fuera  glóbulos blancos, se rebela contra el patógeno extraño intentando defenderse.

La gente de mucho dinero puede ser entrenada, de tal forma que su subconsciente será militarizado para combatir cualquier intento de robo.

Cobb tiene un problema, no puede volver a EEUU a ver a sus hijos. Su mujer, que aparece constantemente en todos los sueños en los que él participa, murió hace tiempo, pero su recuerdo sigue apareciendo para sabotear su trabajo. Cobb se martiriza constantemente por esa muerte, puesto que la mujer se suicidó. ¿Por qué llegó a ese extremo? Pues es uno de los secretos de la película. La muerte está directamente relacionada con la realidad y la fantasía onírica que ambos vivieron hacía tiempo.
Cobb y su equipo son contratados por un japonés para entrar en la mente del hijo de un magnate. Pero esta vez no quieren robar nada, sino convencerlo de que destruya su imperio una vez su padre -muy enfermo- muera. 
¿Cómo conseguir esta misión? Pues introduciendo una idea en su subconsciente, yendo al origen, al más cerrado y hermético rincón oscuro de su mente. Para ello, tienen que crear un sueño dentro de otro y dentro de otro más. Tres niveles oníricos cuya peligrosidad va incrementándose. Si alguien muere en esos niveles, quedará sumergido en el limbo durante años, quizás de por vida. El limbo es una construcción mental basada en sueños y recuerdos; un sitio del que es muy difícil volver, si no imposible.

Pero, ¿es realidad lo que vive Cobb? ¿Es un sueño? ¿Vive en el limbo? No lo sabremos; incluso el final de la película se queda abierto, y creo que la intención de Nolan es dejarnos con la duda. Ya lo hizo con Memento, con cuya historia tiene varios paralelismos: una persona que no puede crear nuevos recuerdos -y una mujer, su esposa, que fue asesinada en extrañas circunstancias- crea una realidad distinta usando como escenario su experiencia diaria. Constantemente los personajes le dicen a Cobb que vuelva a la realidad, y este se mueve como aquel policía de Shutter Island que tan bien interpretó Di Carpio: entre el deseo, el sueño y la locura.

Aunque los sueños pueden ser rápidamente detectados debido a los cambios de gravedad y otros elementos, también se pueden construir con recuerdos, y esto será más difícil de detectar. ¿Quién nos dice que todo no es una gran creación de Cobb para redimirse por la muerte de su mujer y volver con sus hijos? No lo sabemos, la duda sigue, pero seguro que vosotros tendréis vuestra opinión al respecto. 

Cuando Cobb utiliza su amuleto o tótem (objeto que les sirve a todos para saber si están en un sueño de un tercero o en el suyo propio) y este se queda girando, la película se corta justo cuando o bien se va a parar, o bien seguirá rodando. Si sigue rodando, es sueño; si no, es realidad (por cierto, ya es extraño que Cobb utilice el mismo amuleto que su mujer, cuando en la película dejan claro que no se puede transferir a otra persona, ¿no?).
Por último, quiero resaltar la acción, los efectos especiales, la tensión y la intriga. El juego con las imágenes y con el tiempo (una hora de sueño equivale a unos pocos minutos de la vida real y esto lo utiliza muy bien Nolan para recrear las escenas de acción) es magistral.  La sensación de falta  de gravedad, puesto que para despertarse tienen que vivir una sensación de caída, está muy bien rodada. Desde luego, te crees que los actores están en un sueño, moviéndose dormidos en los distintos planos de ese universo irreal.
Al final, ¿hemos visto un sueño dentro de otro sueño, dentro de otro sueño

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