martes, 25 de junio de 2013

Analizando la película Sexo, mentiras y cintas de vídeo.

Hacía tiempo que tenía ganas de echarle un vistazo a la película Sexo, mentiras ycintas de vídeo. Dirigida por Steven Soderbergh allá por el año 1984 -mucho antes de que rodara Traffic o Erin Brockovich-, se ha convertido en una película de culto ganadora de premios tan prestigiosos como el Oscar al mejor guion o el premio del público en el festival de Sundance.

La película está protagonizada por Andie MacDowell en el papel de Ann, una joven casada que tiene problemas con el sexo y que camufla ante su psiquiatra echándole la culpa a los problemas que existen a nivel mundial, desde la contaminación hasta la pobreza. Su marido, Peter Gallagher, es John, un abogado de éxito que, a su vez, tiene un lío amoroso extramatrimonial con Cinthia, la hermana de Ann, protagonizada por Laura San Giacomo.

Llega, para romper este triángulo, un extraño personaje que se convierte en la columna vertebral de la película y que tiñe a ésta de un tinte entre excéntrico y perturbador. Este individuo es Graham, antiguo compañero de la universidad de John. Graham es protagonizado por James Spader, que borda el papel.
Graham, que aparece por sorpresa en casa de John y Ann, es un individuo raro que viaja con su coche, viste de negro y se mueve en la pantalla como aquellos personajes siniestros de las películas de David Lynch. Además, oculta un secreto: le gusta grabar en vídeo a mujeres contando sus experiencias sexuales, como si fueran entrevistas. Según le cuenta a Ann, es impotente desde hace tiempo por algún motivo que no expone.

Con una inmensa colección de cintas de vídeo en la que mujeres anónimas confiesan sus experiencias íntimas, Graham vive atormentado por un pasado que no se termina de descubrir y por unos amores que, aunque flotan en el ambiente, no terminamos de atisbar. Así, se verá prisionero de la relación entre las dos hermanas y John.

Escrita en ocho días y rodada en cinco semanas, con un presupuesto de un millón doscientos mil dólares, Sexo, mentiras y cintas de vídeo demuestra que se puede contar una buena historia con poco recursos. La historia no recae en cuatro actores; en mi opinión, la película pivota alrededor de James Spader, cuyo personaje es el enigma y la respuesta a todo un argumento entre el cine negro y el drama. Desde que arranca la película, con Spader en su coche, hasta el primer encuentro con McDowell en casa de ella, algo nos muestra que estamos viendo una película que promete ser distinta o rara, según se mire.