sábado, 7 de septiembre de 2013

DIARIO DE VIAJES: RECORRIENDO LA PENÍNSULA IBÉRICA (segunda parte de tres)



Cuarto día: de Sos del Rey Católico a Santillana del Mar
El cuarto día de viaje nos dirigimos a Santillana del Mar, en Cantabria. Pero antes hicimos una parada obligada en Bilbao para visitar el Guggenheim. Por desgracia no pudimos ver más rincones de la ciudad vasca, el tiempo apremiaba, pero el museo diseñado por Frank Gehry es auténticamente extraordinario. Aunque las exposiciones que residen en su interior son bastante interesantes, el edificio en sí ya merece la pena. Es increíble cómo la ingeniería y la imaginación humana pueden fabricar con titanio algo tan sorprendente.
Sus exposiciones se dividen entre las permanentes y las itinerantes. De las permanentes me gustó mucho la obra  “La materia del tiempo” . Adentrarte en el interior de cada una de las esculturas te hacía pensar en muchas cosas; a mí en particular, me incitó a reflexionar sobre el agobio que representa vivir pendiente de que el tiempo se te viene encima. Supongo que cada uno tendrá su opinión.

De las itinerantes podías ver la exposición “El arte en guerra, desde Picasso a Dubuffet” (  ), que repasaba las obras de muchos artistas que desarrollaron sus obras durante la segunda guerra mundial.
A eso de las 14:30 subimos al restaurante a tomarnos un refrigerio y comer algo. Luego hicimos una visita a la tienda, en la que compramos una taza estupenda que añadimos a nuestra colección de tazas de viaje.

Por la tarde, alrededor de las 17:00, llegamos al parador de Santillana del Mar. Bueno, a uno de los paradores, porque hay dos. Santillana del Mar es también conocida como “el pueblo de las tres mentiras”: ni es santa, ni es llana, ni está cerca del mar. La verdad es que me sorprendió el ambiente que había. Las calles estaban atestadas de gente y prácticamente en cada esquina había un bar, un hotel o una tiendecita donde comprar algunos productos típicos de Cantabria, como son las anchoas, los sobaos o las quesadas. Todo muy rico, como no podía ser de otra forma.

Quinto día
En Santillana del Mar todavía nos quedamos un par de días más, pero desde allí hicimos algunas excursiones muy destacables. Primero, fuimos a ver la recreación de la cueva de Altamira que se encuentra a pocos kilómetros de la localidad donde nos hospedábamos. La cueva, por motivos de conservación, está cerradas, por lo que se ha realizado una impresionante recreación que no tiene nada que envidiar a la original. Además de ver las famosas pinturas rupestres, podréis adentraros en un museo que explica de forma bastante pedagógica algunas de las características más destacables de nuestros antepasados prehistóricos. A mí me llamó la atención, entre otras muchas cosas, un pequeño gráfico en el que se describe la evolución de la esperanza de vida. Da que pensar.

También aprenderéis  cómo cazaban, vivían y enterraban a sus muertos. Tras visitar el museo y la neocueva, una pequeña tienda os podrá proveer de algún souvenir.
Al medio día, tras nuestra visita a Altamira, decidimos adentramos más en los pueblos de Cantabria. Un bello paisaje lleno de bosques que desembocan casi justo en la playa es una postal que no se suele ver mucho en el sur de España, donde v
ivo. Paramos en San Vicente de la Barquera y, tras dejar el coche en un parking, porque el tráfico era infernal, estuvimos deambulando buscando un barecito donde comer algo. Cómo no, conseguimos una mesa en un bar especializado en pescado, y ahí comimos un poco de todo, desde sardinas hasta boquerones.
La tarde la dedicamos a pasear por Santillana del Mar.

Sexto día
En nuestro sexto día de viaje decidimos acercarnos a ver Santander, la capital de Cantabria. La mañana la organizamos de tal forma que nos diera tiempo a ver lo más destacado, pero también nos llovió un poco y no pudimos ir por la calle tan a gusto como queríamos.
Primero fuimos a un punto de información turística  a hacernos con un mapa y algo de información. De ahí, a ver la casa del erudito Menéndez Pelayo . En ella podréis contemplar una fascinante biblioteca. Antes de adentraros en los aposentos  de este ilustre santanderino, os dejarán ver un vídeo de breve duración que os ayudará a  tener una imagen global de su vida y obra.

Tras la visita a la casa de Menéndez Pelayo, cogimos el coche y nos fuimos a ver el Palacio de la Magdalena. En este edificio se suelen celebrar cursos de verano muy afamados en España, por lo que no pudimos ver el interior de las instalaciones. Lo que sí pudimos es subir andando y disfrutar de los paisajes, sobre todo de la panorámica de la playa de “El Sardinero”. El gris del cielo nublado se mezclaba con un mar oscuro, creando unos tonos más otoñales que veraniegos.

Nos comimos un bocadillo cerca de la playa, que tampoco era del otro mundo, y regresamos rumbo a Santillana del Mar. Por la noche nos desquitamos con la cena y pude disfrutar de unas chuletas con berenjenas la mar de buenas.

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