domingo, 23 de septiembre de 2012

SHUTTER ISLAND

Llevaba tiempo con ganas de hincarle el diente a la película “Shutter Island” , dirigida por el genial Martin Scorsese y protagonizada por Leonardo DiCaprio. Aunque me acerqué a este film con reservas, desde el primer momento me cautivó, enganchándome sin compasión hasta que vi los títulos de crédito aparecer por la pantalla.

Dos agentes de policía, un sobrio y enfermizo Di Caprio y su nuevo compañero, se acercan a “Shutter Island”, una isla que sirve de plataforma para una mezcla de cárcel y  manicomio cuya función es  internar a personas  muy peligrosas con graves desequilibrios mentales.  El motivo de la  visita de los agentes es la inexplicable desaparición de una de las pacientes.  Estaba recluida en la habitación y, de golpe, se esfumó. Sin ropa ni zapatos, nadie explica cómo fue posible  su huida.

En el momento que los policías ponen el pie en la isla, el espectador se ve envuelto en una nebulosa misteriosa, angustiosa, que propone un juego de suspense muy inteligentemente llevado. Te dices a ti mismo, o, por lo menos, yo lo hice: “aquí pasa algo muy raro”.

 Rodeado de policías, trabajadores y pacientes, encontramos,  en lo más alto de la cúspide jerárquica , a un médico jefe y promotor de “Shutter Island”, un doctor protagonizado por Ben Kingsley,  que tiene un  concepto distinto de la psiquiatría: hay que llegar al centro del dolor, al problema, para poder curar.

La cárcel-sanatorio mental de la isla se divide en tres edificios. Cada uno se convierte en un laberinto y cada laberinto, si eres capaz de salir de él  y te mueves por la isla,  te llevará inexorablemente hacia unos acantilados con una pinta bastante homicida.

Mientras se desarrolla la investigación, el joven DiCarprio tiene extraños sueños en los que  aparece  su mujer, fallecida en trágicas circunstancias. En estos sueños, como si fueran extraídos de un film de David Lynch, su esposa  le da pistas sobre lo que está pasando. ¿Ha  desaparecido la paciente o la han hecho desaparecer? ¿Están experimentando con todos? ¿Quién es realmente su nuevo compañero? Poco a poco el desasosiego va apoderándose del policía, entrando en una tela de araña de conspiraciones y paranoia cada vez más turbulento. Pero, además, es importante señalar los  miedos y dramas personales  que el  protagonista ha vivido y vive y que van apareciendo sutilmente a lo largo del film, convirtiéndose todos ellos  en una pieza clave  para entender el camino hacia lo que al final será la verdad.

“Shutter Island” no sólo me recuerda el cine de Lynch, sino que es imposible no acordarse también del clásico “El Gabinete deldoctor Caligari”. No diré por qué, puesto que muchos no la habréis visto; pero los que sí, seguro que caísteis en lo mismo que yo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

EXTRAÑOS EN UN TREN


Muy conocida por la versión cinematográfica que dirigió Hitchcock, “Extraños en un tren” es una novela de suspense llena de tensión firmada por la escritora Patricia Highsmith, autora del enigmático personaje de ficción Tom Ripley.

El escenario en el que arranca la trama nos sitúa  en un  tren, ese medio de transporte tan estimado por los amantes del suspense.  Durante el viaje, dos desconocidos se encuentran por casualidad. Uno de ellos, Guy, es un arquitecto que espera el divorcio de su aborrecida e infiel mujer. Comprometido en la actualidad con una muchacha a la que ama, espera,  con anhelo,  una buena oportunidad laboral.  Por otro lado está Bruno, un joven malcriado, perturbado, borracho y caprichoso, que odia con todas sus fuerzas a su padre y que muestra un amor incondicional hacia su querida madre. Bruno invita a Guy a que cene con él en su compartimento. A  pesar de la resistencia inicial de Guy a compartir la comida vespertina con su extraño nuevo conocido, termina aceptando la oferta.  Durante la comida, mientras el alcohol hace fluir las palabras y las historias personales de cada uno,  el anfitrión le propone a Guy un juego. Él matará a su mujer para que no se interponga en su nueva relación y, a cambio, el arquitecto tendrá que eliminar a su padre. La planificación parece perfecta; nadie sospechará de ninguno de los dos, puesto que son personas extrañas y  totalmente ajenas a los círculos personales de las víctimas. Guy no le hace caso, no le da más vueltas al asunto y, una vez finalizado el viaje, pretende olvidarse del encuentro.

Bruno no se olvida de Guy, de hecho,  se obsesiona  de modo enfermizo con él. Como el que no quiere hacer nada, dejándose llevar por un eléctrico impulso homicida,  Bruno opta por cumplir la  parte que le atañe de su macabro plan y mata por estrangulación a la mujer de Guy. Convencido de que ha cumplido con su parte, Bruno se acerca a Guy a exigirle que mate a su padre, tal y como el joven había previsto.  Desde ese día, una  concatenación de sucesos va acercando cada vez más a los dos protagonistas hacia el abismo, entrando en una espiral angustiosa de tensos momentos que desembocarán en  un trágico final.

Patricia Highsmith traza una historia en la que sus personajes se caracterizan por la ambigüedad, no sólo moral y ética en relación con el asesinato, sino incluso sexual, planteando al lector un reto de análisis para saber cuál es el verdadero motivo que lleva a Guy y Bruno a verse involucrados en asuntos tan turbios.