miércoles, 25 de julio de 2012

VIAJE A VIENA Y PRAGA. 2º PARTE: PRAGA

El jueves 12 de julio, tras un viaje en tren desde Viena de poco menos de cinco horas, llegamos a Praga. Eran alrededor de las 14:30 horas y nuestro conductor esperaba a la salida de la estación para trasladarnos al hotel. Hacía calor, pero el cielo estaba nublado y avisaba de que en cualquier momento podía caer un tormentazo.
Pudimos comer prácticamente a las 16 horas en un restaurante mitad  pizzería mitad especialidades de comida checa. Los camareros, de gran simpatía, chapurreaban español y varios idiomas más, según los turistas que iban llegando sin descanso a la terraza del bar.
Tras la comida empezamos a andar, a sumergirnos en una ciudad medieval que otrora fue capital del estado checoslovaco, símbolo de los países socialistas que pretendían desligarse de la tutela de la URSS y que sufrieron el peso de su ejército. Desde la Primavera de Praga a finales de los 60 hasta la Revolución de terciopelo en el 89, la historia del comunismo en  Praga se ve difuminada, no aparecen apenas restos de esa época y el turismo encuentra un ambiente  milenario  junto con la sombra de Franz Kafka en sus calles.
Llegamos a la plaza de la ciudad vieja, o  “Staromestské námestí”,  donde se encuentra el famoso reloj astronómico, sin duda, uno de los grandes atractivos de la ciudad. Decorado con varios muñecos bastante siniestros, si te quedas hasta escuchar las campanadas, cada hora en punto, puedes ver cómo se mueven tales marionetas estableciendo una danza entre macabra y festiva.
Ante el Reloj Astronómico.
Luego nos dirigimos al puente de Carlos (“Karluv most”), un  puente de 516 metros que ha cruzado el río Moldava entre la zona de “Stare Mesto” (Ciudad antigua) y “Mala Strana” (Ciudad pequeña) durante más de 650 años. Cuando atravesamos el puente, unas nubes  sospechosas empezaron a acecharnos, y decidimos dar la vuelta antes de que descargara una tormenta de agua y viento descomunal, como al final ocurrió. El puente y las calles de Praga estaban atestadas de turistas, restaurantes y tiendas y,  cómo no, oficinas de cambio de dinero para que puedas hacerte con coronas checas.
El viernes 13 de julio,  por la mañana temprano, nos dirigimos a ver el museo de Franz Kafka, uno de mis escritores favoritos.  El museo, muy bien diseñado y estructurado, nos guía en la vida de un escritor atormentado y lleno de desasosiego.

Luego, a toda velocidad, fuimos hacia el Castillo de Praga subiendo una calle muy turística conocida como “Nerudova”, en honor al escritor checo Jan Neruda. El castillo de Praga es un recinto colosal, en el que pudimos coger a tiempo el cambio de guardia, una tradición que tampoco es muy interesante, pero que aglutina a muchísimos turistas. La lluvia fina que caía no nos permitió disfrutar mucho del paseo, pero las vistas a la ciudad son inmejorables. En este recinto no hay que olvidarse de visitar la catedral de San Vito.
Por la noche, ya cansados de haber andado en exceso, nos dirigimos a disfrutar  de un concierto de jazz en un garito local. Un pianista, un contrabajista y un batería nos amenizaron una velada que pudimos acompañar con una típica pinta de cerveza checa. No olvidemos que en este país inventaron la cerveza tipo Pilsen.
El sábado 14 de julio fuimos a visitar el Museo del Comunismo, un pequeño local  curiosamente establecido entre un McDonald`s y un casino, que intenta hacer un recopilatorio de objetos de la época del comunismo en Checoslovaquia.  Seguimos nuestro paseo hasta la  plaza de Wenceslao, zona afamada por ser el lugar donde se llevaron a cabo los acontecimientos de la conocida como Revolución de Terciopelo.
El domingo 15 de julio, antes de coger el avión para volver y finalizar nuestro viaje, visitamos el conocido barrio judío de Praga, el “Josefov”, que consta de una interesante serie de sinagogas de alto interés histórico y turístico. De ellas, destaco la sinagoga española, de un bello estilo morisco.  En el barrio también pudimos ver el cementerio judío, donde está enterrado el Rabbi Judah Loew, considerado el  creador del famoso Golem.  Merece la pena visitarlo.

martes, 17 de julio de 2012

VIAJE A VIENA Y PRAGA. 1º PARTE: VIENA

Entre el lunes 9 de julio y el miércoles 12 del mismo mes estuve vagando, con rumbo fijo, por las calles de la increíble ciudad de Viena. Hospedados en un hotel relativamente cercano al centro, pudimos disfrutar de una ciudad que combina bien la atmósfera de la que en otros tiempos fue la capital del imperio Austro-húngaro con  el reflejo de la música clásica y sus famosos compositores  (entre los que cabe destacar a Mozart), sin olvidar el aire moderno y transgresor del arte contemporáneo, representado con maestría por la obra del pintor Gustav Klimt 
La tarde que llegamos sólo pudimos pasear por un radio no muy extenso. Nos acercamos al “Museums Quartier” o barrio de los museos. Este complejo es un recinto en el que se encuentran varios museos de diversa índole. En el patio o zona común a todos los edificios, podemos sentarnos en unos ingeniosos y coloridos bancos o degustar un tentempié en alguno de los bares que existen.
Luego, nos adentramos en la zona de “Spitelberg”, una pequeña área peatonal llena de locales para comer y beber. Nos sentamos en una terraza  para disfrutar de un estupendo “cordon bleu” con patatas fritas y degustar una genial cerveza. Esa misma noche, una tormenta irrumpió en la genial velada y tuvimos que salir corriendo de la terraza hacia el interior del restaurante. Cabe destacar, una vez llegada  la hora del café, que en Viena se suele servir en una bandeja con un vaso de agua. Yo me pedí un “Melange”, que es algo que se encuentra entre el café con leche y el capuccino. Os sonará el término, puesto que se refleja en “ Dune” - una  fantásticaobra de ciencia ficción producto del escritor austriaco Frank Herbert -, no como café, sino como elixir curativo.
Al día siguiente, nos pasamos por la catedral, la “Stephansdom”, sorteando en sus puertas a innumerables personas vestidas al estilo “Mozart”, que intentaban  darnos publicidad sobre actuaciones y locales de interés.  Luego estuvimos callejeando por un casco antiguo atiborrado de cafés y gente.
El paseo era imparable, así que nos dirigimos hacia el “Hofburg”, que fue el hogar de los Habsburgo durante seis siglos. Decidimos adentrarnos  en las antiguas estancias de  “Sisí emperatriz”, un recopilatorio de información y propiedades que pertenecieron  a los emperadores. No llegamos a entrar en la famosísima escuela española de equitación pero, por el número de caballos, nos dimos cuenta rápido de que no estábamos lejos. A continuación, seguimos paseando para ver el parlamento y el ayuntamiento. Tras el almuerzo, decidimos entrar en el “Albertina Museum”. En este museo de arte contemporáneo se exhibían obras de Picasso, Monet, Katz, entre otros muchos.  
El tercer día decidimos pasarnos por el palacio “Belvedere”, donde se exponían cuadros de Gustav Klimt.  Por el camino, decidimos adentrarnos en el laberíntico e interesante mundo del “Naschmarkt”, un mercado en el que puedes comprar desde comida hasta flores y camisetas de Viena. Ofrece un ambiente muy diverso. Es difícil no encontrar aquí algo para comprar.
Como decía, nos adentramos en Belvedere para ver la obra de Klimt. Aunque era escéptico sobre lo que me iba a encontrar, ver el cuadro de “El beso” fue una de esas grandes experiencias que sólo te produce contemplar una obra de arte. En una habitación oscura, el cuadro del pintor austriaco llenaba toda la sala gracias a sus tonos dorados; resaltaba como si fuera una estrella en medio de un universo sin ninguna luz. La pareja que pintó klimt, que no sé si está tumbada o de pie, trasmite ternura y emoción, llegando a impactar desde el primer vistazo.
Desde el palacio de Belvedere nos trasladamos a “Schloss Schönbrunn”. Este palacio  residencial de la familia imperial es un impresionante recinto al que no entramos, pero visitamos todos los jardines que lo rodean -zoo incluido- en uno de esos trenes turísticos que tanto éxito tienen. Para que os hagáis una idea de la extensión del recinto, el recorrido duró una hora.  
Es difícil resumir todo un viaje a Viena en pocas palabras pero, a grandes rasgos, espero haber trasmitido de forma condensada todo lo que se puede ver en la capital austriaca.
El cuarto día de viaje, jueves 12 de Julio, cogimos un tren para dirigirnos a una ciudad mágica e increíble: Praga. Pero eso ya es materia para la próxima entrada.