viernes, 24 de agosto de 2012

VIDA Y DESTINO


Entre el 23 de agosto de 1942 y febrero de 1943, tuvo lugar en el territorio de la antigua URSS, concretamente en la ciudad de Stalingrado (actual Volvogrado), una de las batallas más sangrientas que se registraron en la II Guerra Mundial. Millones de muertos y el hambre, la escasez y la pobreza asolaban a la población mientras los ejércitos de Hitler y Stalin se enfrentaban sin cuartel. Mucho nos ha llegado de este conflicto, el más devastador que ha vivido Europa jamás. Desde el genocidio de los judíos hasta las bombas de Hiroshima y Nagasaki, todo lo que nos recuerde a la Segunda Guerra Mundial es una imagen  de dolor y sangre.
¿Pero qué pensaba la población de a pie? ¿Y los militares, científicos, artistas? ¿Qué pensaban del Nazismo y del Stalinismo los obreros, los campesinos, los médicos y un largo etcétera? En la magnífica obra de Vasili Grossman, “Vida y Destino”, el autor ruso nos muestra un abanico de personajes que, viviendo la batalla de Stalingrado como telón de fondo, intentan llevar su vida, sus miedos, sus pasiones, sus historias de dolor y amor y sus dudas e ideologías como bien pueden. Nos habla, en boca de soviéticos que amaban la Revolución Rusa, de científicos, militares o civiles, del devastador poder del totalitarismo stalinista, de las acusaciones de prácticas contrarrevolucionarias, los juicios sumarísimos, las purgas de la oposición, la colectivización y el aniquilamiento de los “Kulaks” (campesinos adinerados); pero, también, nos cuenta la resistencia de los soviéticos al Nazismo, su voluntad de construir algo distinto, su abnegación.

Aunque el libro también expone personajes del Nazismo, la reflexión fundamental que subyace de esta obra de poco más de 1.100 páginas es cómo el poder del Estado soviético, del partido y todos los engranajes burocráticos de los que disponía el régimen muchas veces se pusieron a disposición de personajes llenos de odio y acritud, que no vivieron la Revolución y cuyo nivel intelectual era más bien bajo. El odio y la frustración, mezclados con el miedo a ser represaliado, se materializan en violencia y opresión. En este caso, la ideología revolucionaria originaria de 1917 dio paso a una especie de nacionalismo extremo, que llegó incluso a titular, en boca de Stalin, a la II Guerra Mundial como “La Gran Guerra Patria” (Marx decía que el proletariado no tenía patria).

Debajo de un poder absoluto, otra idea que creo nos intenta trasmitir Grossman, sigue latiendo con fuerza el ansia por la libertad del individuo.

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