martes, 17 de julio de 2012

VIAJE A VIENA Y PRAGA. 1º PARTE: VIENA

Entre el lunes 9 de julio y el miércoles 12 del mismo mes estuve vagando, con rumbo fijo, por las calles de la increíble ciudad de Viena. Hospedados en un hotel relativamente cercano al centro, pudimos disfrutar de una ciudad que combina bien la atmósfera de la que en otros tiempos fue la capital del imperio Austro-húngaro con  el reflejo de la música clásica y sus famosos compositores  (entre los que cabe destacar a Mozart), sin olvidar el aire moderno y transgresor del arte contemporáneo, representado con maestría por la obra del pintor Gustav Klimt 
La tarde que llegamos sólo pudimos pasear por un radio no muy extenso. Nos acercamos al “Museums Quartier” o barrio de los museos. Este complejo es un recinto en el que se encuentran varios museos de diversa índole. En el patio o zona común a todos los edificios, podemos sentarnos en unos ingeniosos y coloridos bancos o degustar un tentempié en alguno de los bares que existen.
Luego, nos adentramos en la zona de “Spitelberg”, una pequeña área peatonal llena de locales para comer y beber. Nos sentamos en una terraza  para disfrutar de un estupendo “cordon bleu” con patatas fritas y degustar una genial cerveza. Esa misma noche, una tormenta irrumpió en la genial velada y tuvimos que salir corriendo de la terraza hacia el interior del restaurante. Cabe destacar, una vez llegada  la hora del café, que en Viena se suele servir en una bandeja con un vaso de agua. Yo me pedí un “Melange”, que es algo que se encuentra entre el café con leche y el capuccino. Os sonará el término, puesto que se refleja en “ Dune” - una  fantásticaobra de ciencia ficción producto del escritor austriaco Frank Herbert -, no como café, sino como elixir curativo.
Al día siguiente, nos pasamos por la catedral, la “Stephansdom”, sorteando en sus puertas a innumerables personas vestidas al estilo “Mozart”, que intentaban  darnos publicidad sobre actuaciones y locales de interés.  Luego estuvimos callejeando por un casco antiguo atiborrado de cafés y gente.
El paseo era imparable, así que nos dirigimos hacia el “Hofburg”, que fue el hogar de los Habsburgo durante seis siglos. Decidimos adentrarnos  en las antiguas estancias de  “Sisí emperatriz”, un recopilatorio de información y propiedades que pertenecieron  a los emperadores. No llegamos a entrar en la famosísima escuela española de equitación pero, por el número de caballos, nos dimos cuenta rápido de que no estábamos lejos. A continuación, seguimos paseando para ver el parlamento y el ayuntamiento. Tras el almuerzo, decidimos entrar en el “Albertina Museum”. En este museo de arte contemporáneo se exhibían obras de Picasso, Monet, Katz, entre otros muchos.  
El tercer día decidimos pasarnos por el palacio “Belvedere”, donde se exponían cuadros de Gustav Klimt.  Por el camino, decidimos adentrarnos en el laberíntico e interesante mundo del “Naschmarkt”, un mercado en el que puedes comprar desde comida hasta flores y camisetas de Viena. Ofrece un ambiente muy diverso. Es difícil no encontrar aquí algo para comprar.
Como decía, nos adentramos en Belvedere para ver la obra de Klimt. Aunque era escéptico sobre lo que me iba a encontrar, ver el cuadro de “El beso” fue una de esas grandes experiencias que sólo te produce contemplar una obra de arte. En una habitación oscura, el cuadro del pintor austriaco llenaba toda la sala gracias a sus tonos dorados; resaltaba como si fuera una estrella en medio de un universo sin ninguna luz. La pareja que pintó klimt, que no sé si está tumbada o de pie, trasmite ternura y emoción, llegando a impactar desde el primer vistazo.
Desde el palacio de Belvedere nos trasladamos a “Schloss Schönbrunn”. Este palacio  residencial de la familia imperial es un impresionante recinto al que no entramos, pero visitamos todos los jardines que lo rodean -zoo incluido- en uno de esos trenes turísticos que tanto éxito tienen. Para que os hagáis una idea de la extensión del recinto, el recorrido duró una hora.  
Es difícil resumir todo un viaje a Viena en pocas palabras pero, a grandes rasgos, espero haber trasmitido de forma condensada todo lo que se puede ver en la capital austriaca.
El cuarto día de viaje, jueves 12 de Julio, cogimos un tren para dirigirnos a una ciudad mágica e increíble: Praga. Pero eso ya es materia para la próxima entrada.

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