domingo, 8 de abril de 2012

RINCÓN DE VIAJES: PARÍS

Hacía tiempo que tenía ganas de visitar la capital francesa, y qué mejor que en Semana Santa para escaparse unos tres días a disfrutar de la ciudad de la luz.
El martes 3 de abril salimos a las 4 de la mañana para llegar a tiempo al aeropuerto de Málaga.  La salida la teníamos planeada para las 9:45 horas, pero resulta que,  debido a una huelga de controladores en Francia  (sí, ahí también se ponen  en huelga),  no pudimos despegar hasta las 10:30. Pero no se acaban aquí los contratiempos. Al llegar al aeropuerto Charles de Gaulle, el coche que habíamos contratado para que nos llevase al hotel no nos estaba esperando. Creíamos que era por nuestro retraso, así que llamamos. No hablaban español y su inglés era un tanto difícil de entender. Menos mal que en la oficina de información un hombre amabilísimo que hablaba español  nos salvó la vida. Llamó a la compañía de coches y ésta, por fin, contacto con nosotros a través de una muchacha hispanoparlante. Culpó a nuestra agencia de viajes de darles mal el número de vuelo, por lo que el coche estaba a las 10:00 de la mañana esperando. En ese momento  eran  las 14:00 horas. Total, que  preguntando y mirando mapas conseguimos tomar  un autobús que nos llevó a la Plaza de Ópera, situada a unos 10 minutos del hotel.  Si lo llegamos a saber,  no contratamos ningún coche. Cosas que pasan.

Por la tarde, muy cansados del viaje, compramos algo de fruta para ir tirando y nos plantamos en la “Île de la Cité”. Es el centro de París donde se encuentra, entre otras cosas, Notre-Dame. Notre-Dame es una catedral gótica que tampoco va a dejar sin hipo a nadie, pero que tiene detalles interesantes como los arbotantes,  las cristaleras y las archiconocidas gárgolas.
El miércoles  4 de abril tocaba ver el Louvre. A las 9 de la mañana ya estábamos haciendo cola para poder entrar. El Louvre es un antiguo palacio de unas dimensiones considerables y en su patio interior, no del todo cerrado,  se encuentran las famosas pirámides. Tras pasar los controles de seguridad de rigor, entras en una gran sala donde se encuentran las taquillas. El afluir de personas es increíble, y puede llegar a agobiar. Tras comprar las entradas, nos hicimos con unas audioguías, muy útiles para obtener información rápida y cómoda mientras ves las obras de arte. Llevábamos muy pensadas las obras que queríamos ver. Primero, vimos la “Victoria de Samotracia” , una increíble escultura que recrea el momento en que la  diosa Nikee se posa en un barco griego, con  sus alas totalmente desplegadas. El detalle de cómo sus ropas se pegan a la figura no pasa desapercibido. Una obra maestra.  Tras esto, y portando nuestro inseparable mapa del museo , fuimos de sala en sala. Entre  muchas obras disfrutamos de  Las bodas de Caná” un cuadro enorme e impactante,  Lacoronación de Napoleón , la famosa figura de “El escriba sentado  ,  “La libertad guiando al pueblo” , cuadro de Delacroix que te emociona nada más ponerte en frente, o, por último, la muy conocida “Gioconda”, más pequeña de lo esperado. Este cuadro es el que cuenta con mayores medidas de seguridad. Un cuadro genial.
En el Louvre se nos fueron unas cinco horas, y eso que nada más llegar se escuchaba por megafonía que, por motivos de seguridad, había que desalojar el museo. Como vimos que nadie lo hacía, intuimos que podía ser una falsa alarma. Sabemos que nos dejamos muchas obras por ver con detenimiento, pero son necesarios varios días para conseguir hacerlo.

Una vez fuera del Louvre, cruzamos el jardín de las Tullerías, en el que compramos un carísimo pero necesario bocadillo para retomar fuerzas camino de los “Campos Elíseos”. Cruzamos la “Plaza de la Concordia” y fuimos a una de las zonas más exclusivas de París, con grandes firmas de moda, tiendas caras, concesionarios de coches a modo de museos y alguna cafetería interesante. Al fondo, el “Arco del triunfo” nos esperaba. No llegamos a subir, puesto que era tarde y queríamos ir a la Torre Eiffel todavía, por lo que corriendo abandonamos la obra que mandó construir Napoleón para dirigirnos a lo que puede ser el emblema más famoso de París. Pero, claro, no contábamos con una serie de problemas. El primero es que uno de los ascensores que suben a la torre estaba estropeado, por lo que todo el mundo se agrupaba en dos colas. Según los carteles electrónicos de la torre, teníamos que hacer cola durante más de dos horas, he aquí el segundo problema.   Así que pensamos que mejor era ir al día siguiente  y echamos mano del plan B: un paseo en barco por el Sena. Y eso hicimos cogiendo el conocido como “batobus”, en el que te puedes bajar y subir en 8 puntos distintos. Por ese día, ya habíamos andado bastante.
El jueves 5 de abril fuimos a “Montmartre” . Lo mejor no es visitar la Basílica del Sagrado Corazón, sino la subida, en la que tienes que cruzar por unas hermosas calles.  Las vistas de París, una vez llegas arriba, son muy  buenas, aunque el día que nos acercamos  estaba nublado.
Como no habíamos subido a la Torre Eiffel,  volvimos a ésta desde Montmartre, pero esta vez cruzamos la zona  de “Los Inválidos”, un obligado paso. Pudimos ver, durante el trayecto,  y antes de llegar a dicha zona, la plaza “Vendome y  la  Iglesiade la Madeleine. Tras una caminata más propia del camino de Santiago que de un viaje con fines turísticos, volvimos al llegar a la Torre Eiffel, pero seguían con la avería del ascensor. Como estaba lloviendo un poco y hacía frío, desistimos. Otra vez será. Por lo tanto, volvimos a la “Île de la Cité”, atravesando de nuevo “Los inválidos” y con ganas de ver la “Sainte- Chapelle” . Como todavía era temprano, hicimos una parada a medio camino para ver el museo de Orsay , una antigua estación de tren  reconvertida en museo que reúne grandes obras de grandes autores como Van Gogh, Rodin, Monet, Manet o Delacroix. Salimos del museo exhaustos y hambientos, así que le hincamos el diente a un bocadillo que compramos. Tras esto, y tal como he comentado antes, nos fuimos a ver  la “Sainte- Chapelle”, que encontramos cerrada el día que fuimos a Notre- Dame. Una vez situados en la cola, a las 17:15 de la tarde, una hora antes de su cierre según el cartel de la puerta de entrada, el portero nos dijo que ya no se admitían más visitas. Pues nada, otra vez será. Por lo demás, el ambiente de París es fantástico; tiene un aire poético, intelectual y fascinante que te engancha desde el primer momento.
A modo de conclusión, una recomendación  para aquellos  que sepan francés y les guste la literatura: a los lados del Sena, se encuentran los bouquinistes ,  puestecillos que venden libros antiguos de ocasión y de segunda mano, junto con láminas de la ciudad y otros souvenirs.

2 comentarios:

  1. de toda la vida, de todos los pintores que estudie, el cuadro que mas me ha impresionado siempre es --la gioconda- ahora se porque, y es que de cualquier angulo que la mires, ella te estara mirando, no se rie, porque transmite, su profundidad, su deseo, su anhelo, transmite esa tristeza que no la deja ser como es y sin lugar a dudas leonardo da vinci jamas imagino cuantas giocondas habrian en el mundo.

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  2. La Gioconda es un cuadro fantástico. Hay muchos geniales en el louvre, a mí me impactó mucho la libertad guiando al pueblo.
    Gracias por el comentario y saludos!

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