martes, 26 de abril de 2011

POESÍA DEL PUEBLO


Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 30 de octubre de 1910 – Alicante, 28 de marzo de 1942) fue el primer poeta que leí -o, por lo menos, del que tengo constancia- con la conciencia de la poesía comprometida y desgarradora. El poeta del pueblo, el poeta autodidacta, comprometido con la sociedad, que se vio morir en circunstancias calamitosas, encarcelado y ajado, con tan sólo 31 años. De todos los poemas que leí de él, hay dos que me impactaron. Uno, “Nanas de la cebolla”, dedicado a su hijo tras leer en una carta de su mujer que se alimentaba tan sólo de pan y cebolla. Otro, la “Elejía a Ramón Sijé”, un canto que te parte el alma ante la desaparición de un gran amigo. Os dejo este último para que disfrutéis de esa agradable sensación que te deja la tristeza mezclada con el arte, que te hace cómplice de los sentimientos de un gran poeta.


“Elegía a Ramón Sijé”
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me
ha muerto como el rayo, Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas,
y órganos mi dolor sin instrumentos,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler, me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo voy
de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano está rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes,
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero mirar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera,
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas
y tu sangre se irá a cada lado,
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas,
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

martes, 19 de abril de 2011

VIDAS PARALELAS


Hace años, sin saber muy bien por qué, puesto que no conocía de nada la película, un amigo me convenció para adentrarnos en el cine a ver “Magnolia” (1999), dirigida por Paul Thomas Anderson. Iba algo escéptico, ya que en la cartelera se contaba con Tom Cruise, actor que no está entre mis favoritos, a pesar de algún papel aceptable, sobre todo en “Nacido el 4 de Julio”. Bueno, a lo que iba, ante las buenas críticas que mi amigo resaltaba, accedí. Desde el inicio de la película hasta su final, cerca de tres horas más tarde, no pude despegar la mirada de la pantalla ni una vez. Ante mí se presentaban, con una perfecta armonía y sincronicidad, una multitud de personajes con vidas paralelas. Un niño prodigio y un antiguo niño prodigio venido a menos, un policía solitario, un presentador de televisión sin sentimientos y su moribundo padre… y muchos más. En sí, estas historias construyen un drama que habla de los sentimientos y de su represión, del ocaso de la vida, del amor, de la soledad. Ya el principio de la película nos sumerge en el mundo de las casualidades y el azar, temas que me entusiasman. Recomiendo al que no la haya visto que no se pierda ni un detalle.

“Magnolia” es, desde mi humilde entender, una de las mayores obras maestras a las que me he podido enfrentar. No le vi fallo, sólo grandeza. Durante semanas, recordando la película, le iba encontrando más y más tramas y, cuanto más jugo le sacaba, más crecía mi admiración por ella. Como anécdota, destaco un momento en el film con cierto punto surrealista: en una de las escenas finales, una lluvia de ranas atropella de golpe la vida de la ciudad, así, sin venir a cuento. Esto, aunque parezca que no, quedará en la memoria del espectador como elemento esencial de la película. Cosas del cine.

miércoles, 13 de abril de 2011

PUERTAS


Hay grupos de música que te sumergen en un mundo distinto, algo onírico quizás. Sensaciones que te llevan no sólo a canturrear una y otra vez sus melodías o a aprenderte la letra de sus canciones, sino a indagar algo más en su filosofía. A mí me pasó con The Doors (1965-70). Cuando escuchaba a Jim Morrison cantando pensaba: ¿de dónde saca este tío estas ideas? Empecé a leer a Carlos Castaneda, a indagar sobre la Psicodelia, a leer a los Beatniks. Pero una y otra vez volvía a canciones como “The End” o “People are strange” y se me dilataban de forma natural las pupilas. Cuando Aldous Huxley publicó “Las puertas de la percepción” (1954) arrancando el título de una frase del poeta Wiliam Blake -“Si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparecería al hombre como es, infinito”-, no pensaba que su tratado sobre los efectos de los alucinógenos también influiría a un grupo musical que dio un auténtico pelotazo en los 60-70.

Hoy os dejo la canción “The End”, que no olvidaré jamás gracias a la película “Apocalypse Now”. Por cierto, también recomiendo la película de Oliver Stone sobre The doors. Muestra a un Jim Morrison que estaba como una auténtica regadera. Quizás fuera así pero, cuando a la edad de 27 años nos dejó para siempre, dejó algo más que un cadáver joven: su leyenda.

domingo, 10 de abril de 2011

NO PODER CAMBIAR LA HISTORIA


Cuando uno repasa la historia, lee sobre las guerras, injusticias, masacres y demás páginas dramáticas de nuestra existencia, quisiera poder cambiarlas, darles un giro. Uno se acerca una y otra vez a un acontecimiento y siempre pretende que termine de otra forma. Las guerras mundiales, los genocidios… Me gustaría avisarles de que por ahí no pero, claro, nadie haría caso, como ahora muy poca gente se hace eco cuando se critican la violencia y las injusticias. En el mundo de la ficción también me ocurre con frecuencia, pero quizás fue con el libro “Crónica de una muerte anunciada” del genial Gabriel García Márquez (1927) con el que sufrí más.

Cuando Santiago Nasar con su traje de lino blanco irrumpe en la escena sabes que lo van a liquidar. No tiene la culpa de lo que le acusan, pero da igual. Todo el mundo lo sabe, los asesinos se han dedicado a proclamarlo; todos, menos el que debería ser el más interesado, el propio Nasar, que se percata poco antes del fatídico desenlace. Cuando pasas las páginas, tienes ganas de meter el brazo y sacarlo de ahí, de darle una voz. No entiendes como una concatenación de sucesos dan pie al dramático final. Lo lees una y otra vez y no te explicas cómo nadie le dice nada.

Poder para cambiar las cosas que han ocurrido, que ocurren u ocurrirán; eterno deseo del ser humano.

miércoles, 6 de abril de 2011

Agente Secreto I


Cuando uno lee el periódico se imagina que detrás de todos esos gobernantes, jefes de estado, diplomáticos, poderosos en resumidas cuentas, se esconden espías, agentes secretos, personas de poco fiar. Quizás alguno sea como James Bond, el 007 a servicio de su majestad ideado por la mente del escritor británico Ian Fleming (1908-1964). Con su smoking y su martini, la imagen de Bond me recuerda más al mundo del cine que al de las letras. El rostro del agente secreto pasea desde Sean Connery o Roger Moore hasta Daniel Craig en la actualidad. Un espía fino, este Bond.

Hay agentes secretos y espías para todos los gustos, incluido el protagonizado por Arnold Schwarzenegger en la divertida comedia de Acción “Mentiras arriesgadas” (1994), en la que compartía cartelera con la genial Jaime Lee Curtis. En ésta, un agente lleva una doble vida que le traerá muchos quebraderos de cabeza.

Pero también nos pueden venir a la mente esos despiadados agentes de la CIA, dedicados a quitar y poner gobiernos a su antojo, o del KGB, o del MOSAD… Pero al respecto de este tema, mejor acudir a todo el material documental, sobre todo el que nos habla de las tropelías llevadas a cabo en Norteamérica por los primeros, y todo lo que se conoce o se deduce de los demás. Un mundo de misterio enquistado en las cloacas del Estado, cualquier Estado. Los servicios secretos de todo el mundo esconden una historia de la que nos informaríamos mejor recurriendo a Wikileaks. Aquí sólo puedo emitir reflexiones, aunque prometo que continuará...