lunes, 28 de febrero de 2011

Historias de amor en Hong Kong


Las historias de amor en el cine no me han llamado mucho la atención, sobre todo las convencionales con final feliz o las trágicas que no llegas a entender bien. Pero hay algunas que se salen de lo habitual, que llegan a emocionarte desde el primer minuto. Entre éstas destaco las historias retratadas por el director de cine hongkonés Wong Kar-wai (1958). Su cine es una experiencia estética y musical, como de videoclip, pero que retrata emociones demoledoras para el espectador. En mi película preferida, “In the mood for love” (2000), un hombre y una mujer que ven poco a sus respectivas parejas empiezan, acompasados por una sublime banda sonora, a acercarse cada vez más, como dos bailarines, aumentando el tiempo que pasan juntos. La película es un conglomerado de bellas imágenes en las que ni siquiera llegan a tocarse, pero no paras de imaginar la historia de amor que viven.

Entre su filmografía elegiría muchas más, como “Chungking express”, con ciertos toques de humor; “Fallen Angels”; “2046”, que pretende ser una continuación futurista de “In the mood for love”; o la última que a día de hoy he visto, “My Blueberry nights”, ambientada esta vez en EEUU y protagonizada por Jude Law, Natalie Portman y Norah Jones (ésta última haciendo un más que destacable papel). De nuevo amores rotos y búsquedas infinitas de uno mismo.

De vez en cuando, uno necesita sumergirse en el emotivo mundo de Wong Kar-Wai.

jueves, 24 de febrero de 2011

TINTÍN


Cuando era muy niño había una actividad que me entusiasmaba más que ninguna otra cosa: leer los cómics de Tintín y sumergirme en un mundo de viajes y misterios. El joven periodista y su perro Milú encarnaban, a mi entender, a un solitario y a su fiel amigo, con esa libertad anhelada de moverse por todo el mundo y contando con compañeros de viaje como el bebedor capitán Haddock y su vocabulario de manigero cascarrabias; el profesor Tornasol, ese loco brillante; los policías gemelos Hernández y Fernández … y otros muchos más que se cruzan y batallan en las páginas creadas por el belga Hergé (1907-1983). Las aventuras que mejor sabor me dejaron fueron las de “El asunto Tornasol” y “Las siete bolas de cristal”, aunque la mayoría son geniales.

Teniendo como tengo todas las aventuras de Tintín en mi estantería, todavía las sigo leyendo de vez en cuando y recuerdo una y otra vez a ese joven chaval mitad explorador mitad escritor.

domingo, 20 de febrero de 2011

CINE RARO JAPONÉS


Acabo de ver “Gozu”, una delirante película del aclamado director de cine de terror japonés Takashi Miike. Hace tiempo que sigo a este cineasta. Con su trilogía “Dead or Alive” me lo pasé muy bien, con esos yakuzas postmodernos, que vivían en esa mezcla de fantasía, terror y gore. Qué decir de “Ichi the Killer”; no se me olvidará la escena en la que, al fumar, a uno de los personajes se le levanta la cara como si de unas branquias de pez se tratara. También recomendaría “Audition”, con alguna escena bastante desagradable (sólo digo que hay cables metálicos acercándose a una pierna, lo demás lo dejo a la imaginación de cada uno).

“Gozu” me ha dejado un poco insatisfecho, pero no ha dejado de sorprenderme. El argumento es el siguiente: un yakuza tiene orden de matar a su compañero, totalmente ido de la cabeza; de hecho, éste cree que todo lo que le rodea es antiyakuza, desde un perro minúsculo hasta un coche. Al llegar a Nagoya, donde se deshará de él, el yakuza enfermo se escapa y su compañero se ve envuelto en una persecución alocada, llena de personajes totalmente surrealistas y momentos kafkianos.

Takashi Miike se ha ganado estar presente en el Sótano; sus películas no dejarán indiferente a nadie.

domingo, 13 de febrero de 2011

SINUHÉ EL EGIPCIO


Hace muchos años, al llegar al instituto, mi mente estaba preparada sólo para leer cómics, alguna novela de misterio y algo de literatura juvenil. Tampoco era muy lector, mi avidez por la letra impresa comenzó sobre todo en la universidad, donde leí de manera voraz todo lo que se me ponía por delante. Como decía, al llegar al instituto me mandaron como lectura obligatoria en la asignatura de Historia el impresionante libro escrito por Mika Waltari (1908-1979) “Sinuhé el egipcio”.

Adentrarme en el mundo del antiguo Egipto, con sus faraones y sus dioses no fue lo que más me entusiasmó, sino la historia de este joven médico que se enamoró, que lo perdió todo, que viajó por unas civilizaciones ya desaparecidas y que, en el ocaso de su vida, contaba una historia que reflejaba lo más significativo de su vida: era un solitario. Así lo llamaban, Sinuhé, ‘el que es solitario’, un sobrenombre demoledor para una vida intensa y llena de aventuras. A continuación, cito el comienzo del libro, que es impresionante:

“Yo, Sinuhé, hijo de Senmut y de su esposa Kipa, he escrito este libro. No para cantar las alabanzas de los dioses del país de Kemi, porque estoy cansado de los dioses. No para alabar a los faraones, porque estoy cansado de sus actos. Escribo para mí solo. No para halagar a los dioses, no para halagar a los reyes, ni por miedo al porvenir ni por esperanza. Porque durante mi vida he sufrido tantas pruebas y pérdidas que el vano temor no puede atormentarme y cansado estoy de la esperanza en la inmortalidad como lo estoy de los dioses y de los reyes. Es, pues, para mí solo para quien escribo, y sobre este punto creo diferenciarme de todos los escritores pasados o futuros.”

Anima a leerlo, ¿no?

domingo, 6 de febrero de 2011

SUSPENSE


Una de las películas que más me impactó de niño (cuando las películas en blanco y negro se emitían en horario normal en la 2 de TVE, en esos ciclos de los Viernes por la noche) fue “Psicosis” de Alfred Hitchcock (Leytonstone, Londres, 13 de agosto de 1899 - Bel Air, Los Ángeles, 29 de abril de 1980). Anthony Perkins interpretaba a ese personaje oscuro y ambiguo, un perturbado con cierta capacidad hipnótica que te obliga a sentir una mezcla de rechazo y admiración. Cuántas veces no se te venía a la mente la casa antigua donde la madre esperaba con prudencia a su servil hijo. “¿Madre?” Espeluznante.

Hitchcock hizo innumerables obras maestras, pero hay otras dos películas, aparte de “Psicosis”, que se encuentran entre mis favoritas. Son “Extraños en un tren” y “La soga”. En “Extraños en un tren”, película que ya comenté al analizar la obra de la escritora Patricia Highsmith, el maestro Alfred consigue crear un duelo entre los dos personajes principales de una ambigüedad y de un suspense inquietante. Un loco propone en un viaje en tren un perverso pacto a un tenista famoso. Él matará a la mujer del deportista y, en cambio, éste matará al padre del loco. Una de las escenas que más me gustó fue aquélla en la que, en el forcejeo con una de las víctimas, poseedora de unas grandes gafas, éstas caen al suelo. La cámara se queda fija y, a través de los cristales, podemos ver el reflejo del cruel asesinato.
En “La soga”, dos estudiantes asesinan a un compañero para ver qué se siente con ese poder y esconden su cadáver en un baúl; luego, lo habilitarán como si fuera una mesa del comedor y se convertirá en el epicentro de toda la acción. Rodada en un solo plano secuencia, se convierte en un espectáculo cinematográfico extraordinario que te hace entender por qué se considera a este director británico el maestro del suspense.

Ah, por cierto, pensando en otra de sus obras, ¿qué son los 39 escalones?

miércoles, 2 de febrero de 2011

DOGMA 95




En una época plagada de efectos especiales, diseños por ordenador, photoshop, y esas grandes innovaciones ilusorias en el mundo del cine que tanto me gustan, el grupo de directores daneses compuesto por Lars von Trier, Thomas Vinterberg, Kristian Levring y Soren Kragh-Jacobsen firma en 1995 el “Manifiesto Dogma 95”, que busca prescindir de estos juegos de artificio para hacer un cine distinto. Su obra buscaba un cine más simple y casto, la cámara al hombro y el sonido ambiente, con la iluminación tenue que pueda dar la luz natural o las lámparas de una casa, sin añadidos. Estos eran sus rasgos más identificadores.

Mi película favorita del dogma es “Celebración” de Vinterberg, en la que se exponen de forma magistral todos los problemas de una familia, con sus traumas y sus vicisitudes. Con una visión claustrofóbica de esa institución consanguínea, te engancha de tal forma que nunca hubiera pensado que una película sin acción y grandes movimientos de cámara me entretuviera tanto. Sin embargo, el más famoso de los tres, Lars Von Trier, no deja tampoco indiferente a nadie. En “Rompiendo las olas” llegó fuerte al corazón con la historia de la muchacha protagonista, pero a mí no se me olvida “Dogville”, esa angustiosa historia protagonizada por Nicole Kidman en un original escenario recreado para la ocasión. La película trata de una comunidad de personas que viven sin intimidad; las paredes de sus casas están dibujadas en el suelo, no hay vida, sólo miradas inquisitoriales, control total unos de otros, un mundo fóbico. Hay momentos en los que te entran ganas de entrar y arrasar con todo. La cinta despierta los deseos más misantrópicos que hay en ti, por lo menos en mi caso. Merece la pena pasar el mal rato.

A continuación, os paso el manifiesto DOGMA 95, para que tengáis más claro lo que pretendían estos daneses.

“Juro que me someteré a las reglas siguientes, establecidas y confirmadas por:
1. El rodaje debe realizarse en locación. Accesorios y decorados no pueden ser introducidos (si un accesorio en concreto es necesario para la historia, será preciso elegir uno de los exteriores en los que se encuentre este accesorio).
2. El sonido no debe ser producido separado de las imágenes y viceversa. (No se puede utilizar música, salvo si está presente en la escena en la que se rueda).
3. La cámara debe sostenerse en la mano. Cualquier movimiento -o inmovilidad- conseguido con la mano están autorizados.
4. La película tiene que ser en color. La iluminación especial no es aceptada. (Si hay poca luz, la escena debe ser cortada, o bien se puede montar sólo una luz sobre la cámara).
5. Los trucajes y filtros están prohibidos.
6. La película no debe contener ninguna acción superficial. (Muertos, armas, etc., en ningún caso).
7. Los cambios temporales y geográficos están prohibidos. (Es decir, que la película sucede aquí y ahora).
8. Las películas de género no son válidas.
9. El formato de la película debe ser en 35 mm.
10. El director no debe aparecer en los créditos.
¡Además, juro que como director me abstendré de todo gusto personal! Ya no soy un artista. Juro que me abstendré de crear una obra, porque considero que el instante es mucho más importante que la totalidad. Mi fin supremo será hacer que la verdad salga de mis personajes y del cuadro de la acción. Juro hacer esto por todos los medios posibles y al precio del buen gusto y de todo tipo de consideraciones estéticas.
Así pronuncio mi voto de castidad”.
Copenhague, Lunes 13 de marzo de 1995.