sábado, 29 de enero de 2011

DYLAN THOMAS


Una vez leí que las últimas palabra del poeta Dylan Thomas fueron: "he bebido 18 vasos de Whisky, creo que es todo un récord" .Bebedor empedernido, este inglés nacido en 1914 y fallecido en 1954 se caracterizó por su malditismo y su precocidad a la hora de introducirse en el mundo literario. A los 4 años recitaba de memoria “Ricardo II” de Shakespeare. Viendo la película “Solaris”, pero no la de Tharkovski, sino la interpretada por George Clooney, escuché el poema “Y la muerte perderá su dominio”. Creo que, como viene siendo la tónica con esta sección poética, es mejor que os deje con la voz lírica de estos creadores. A continuación, “Y la muerte perderá su dominio”:


“Y la muerte perderá su dominio.
Los muertos desnudos serán un solo muerto.
Con el hombre en el viento y la Luna de occidente;
cuando se descarnen los huesos y desaparezcan los huesos.
Donde hubo codos y pies aparecerán estrellas.
Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir.
Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Bajo los remolinos del mar
aquellos que yazgan largamente no morirán en la tempestad
retorciéndose en el tormento, cuando cedan los tendones
atados a una rueda no podrán destrozarse;
entre sus manos la fe se romperá en dos
y el Unicornio del mal los atravesará.
Y hendidos por todas partes no se desmembrarán.
Y la muerte perderá su dominio.

Y la muerte perderá su dominio.
Nunca más las gaviotas gritarán en sus oídos
o se romperán las olas tumultuosamente en la ribera;
allí donde se abrió una flor nunca más otra flor
ofrecerá su cabeza a los golpes de la lluvia.
Y aún locas o muertas como clavos
atravesarán la margaritas con sus cabezas de señoras;
irrumpiendo sobre el Sol hasta que el Sol se desprenda.
Y la muerte perderá su dominio”.

Fascinante poema. Espero que os guste.

miércoles, 26 de enero de 2011

MUERTOS VIVIENTES


La verdad es que me esperaba mucho más de la serie “The Walking Dead”, cuya primera temporada terminó ayer mismo. Tampoco es que mi expectación fuera la misma que cuando vi “La noche de los muertos vivientes” (1968) del director de cine George A. Romero (1940), convertida en obra de culto entre los seguidores del género de terror protagonizado por muertos vivientes. El final de esta película sí que me dejó muerto, pero eso ya mejor no lo cuento -hay que verla-, aunque me puedo permitir la licencia de resaltar la tensión que me provocó, un suspense que no he vivido con la serie.

“The Walking Dead” mezcla unos efectos especiales geniales con sus zombies muy bien caracterizados, con esas historias dramáticas que tanto gustan a mucha gente, basadas en familias que se disuelven, triángulos amorosos y fomento de los lazos filiales. Como si huir para que no te infecten de un virus, que te mata y te resucita hecho un animal desesperado por comer, no fuera suficiente acción. Pero, bueno, supongo que hay que ver el drama humano de todo esto. Otra cosa que me sorprendió fue que la escena en la que el protagonista, policía que sufre un alejamiento de su mujer y de su hijo, despierta tras el coma en un hospital abandonado, lleno de cadáveres y con la amenaza de los caminantes al acecho. Dicha escena es muy parecida a otra de “28 días después” (2002), dirigida por Danny Boyle y que centraba su acción en unas calles inglesas también llenas de infectados. Será homenaje o coincidencia, que sé yo.

Por lo demás, sigo intrigado por ver la segunda temporada y las que vengan después, claro. La primera me ha gustado, pero espero que mejore.

domingo, 23 de enero de 2011

El cazador de libros


Ya que carezco de talento para ser escritor o cineasta, ilusiones que se vislumbraban ya desde mi tierna infancia, me conformaría, por qué no, con dedicarme en cuerpo y alma a ser cazador de libros. Esta idea se me ocurrió tras la lectura de “ El club Dumas” de Arturo Pérez-Reverte, en el que su protagonista, Lucas Corso, se dedica al interesante trabajo de mercenario de libros o, lo que es lo mismo, a buscar cual detective se tratara todos aquellos encargos literarios que le podían dejar una buena suma de dinero.

Pero, claro, su trabajo se complica cuando sus búsquedas se ciñen a la obra “El vino de Anjou”, desaparecido capítulo número 42 de “Los tres mosqueteros”, y a otra obra de matiz demoníaco, “Las nueve puertas”, creada por Aristide Torchia en el siglo XVII, supuestamente ordenada por su señor Lucifer y que sirve para convocar la presencia del ángel caído. La obra de Alejandro Dumas rebosa fuerza e impregna toda la novela, surgiendo así un interesante amor por sus personajes (también se habla de su vida y de sus relaciones con los coautores de sus libros). El Manuscrito de “Las nueve puertas”, segundo libro en acción, da título a la película de Roman Polaski “La novena Puerta”, basada evidentemente en la novela de Reverte y en la que Johnny Deep hace de Lucas Corso.

El libro como pieza de coleccionista, de valor incalculable, lleno de vida e historia, emite un halo de romanticismo en estos años en los que las ediciones electrónicas se presentan como la alternativa al papel. Ataviado con su gabán, con un cigarrillo entre los dedos y una petaca de ginebra preparada para aliviar tensiones, Lucas Corso, el detective de libros, es uno de esos personajes que me entusiasmó en cuanto supe de su existencia literaria y cinematográfica. Me pregunto si habrán inventado una academia para formarse en el noble arte de ser cazador de libros.

jueves, 20 de enero de 2011

SUEÑO


Nunca me acuerdo de lo que sueño, por lo tanto, según algunos expertos, se puede decir que me pierdo un tercio de lo que vivo. El mundo de los sueños da mucho de sí y, si no, que se lo pregunten a Freud. Ese mundo inconsciente también puede generar una fantástica historia de cómic como “The Sandman”, obra del guionista Neil Gaiman. En la cultura anglosajona, Sandman es una versión aproximada de nuestro hombre del saco, que viene por las noches a visitar a niños que no se duermen. En vez de raptarlos, les echa arena en los ojos paras poder dormirlos.

En el cómic de Gaiman el protagonista es “Sueño”, Morfeo, dueño y señor del mundo onírico. Comparte lazo familiar con el resto de los “Eternos”, representaciones antropomorfas de una serie de conceptos, como son: Muerte, Delirio, Destino, Destrucción, Desesperación y Deseo. Sólo he tenido el honor de leer, por el momento, el primer volumen del coleccionable editado por Planeta, titulado “Sueño” y que cuenta el origen de la serie Sandman. Sueño comparte aventuras con mi personaje de cómic favorito, John Constantine, y enlaza con historias terroríficas llenas de oscuridad y pesadillas.

Seguiré escribiendo conforme vaya terminando el resto de los volúmenes. Esto promete mucho.

domingo, 16 de enero de 2011

SUPERHÉROES Y FILOSOFÍA

No he sido gran lector de cómic de superhéroes. En mi infancia, mis lecturas eran Tintín y Astérix: un periodista belga que resolvía misterios y unos galos antiimperialistas que debían su poder a la pócima mágica. Superman, Batman, la patrulla X, Flash…fueron personajes que descubrí ya en la edad adulta (en papel, en cine los conocía bien), pero siempre me decanté más por otros géneros. Leyendo aventuras y aventuras en búsqueda de salvarnos de los malos -los superhéroes, claro-, nunca me había planteado una serie de preguntas intrigantes: pero bueno, esta gente, con todo el poder que tiene, ¿por qué hace el bien?, ¿no les sería más rentable aprovecharse? Se supone que el poderoso busca su propio beneficio, o eso es una cosa que vemos casi siempre. Seguramente por ser historias enfocadas al mundo juvenil no reflexioné sobre estos aspectos. Mi visión cambió, claro está, cuando cayó en mis manos “Watchmen” de Alan Moore, del que ya dejé mi opinión en este blog y que supuso que se creara en mí una mirada distinta hacia estos enmascarados. Nunca se me olvidará la pregunta: ¿Quién vigila a los vigilantes?

Si los superhéroes buscan el bien pueden caer en la tiranía quizás, o en el hastío o, por qué no, cambiarse de bando. En el libro “Los superhéroes y la filosofía”, coordinados por Tom y Mat Morris y publicados por la editorial Blackie Books, filósofos y profesionales del cómic profundizan en estas preguntas utilizando para ello el mundo del pensamiento filosófico. Justicia, deber moral, castigo o premio superior, dios o ausencia de él, bien común o interés personal son conceptos que navegan junto a máscaras de murciélago y garras de adamantium. ¿Superman es superhéroe porque es alienígena poderoso o porque recibió una buena educación en su granja estadounidense con sus afables padres adoptivos? Y Magneto, ¿dejó de creer en el género humano tras sufrir en sus propias carnes el holocausto nazi, o era malvado de nacimiento? Bien y mal parece que siempre buscan un origen, incluso en los cómics de superhéroes.

jueves, 13 de enero de 2011

ESTADO DE SHOCK


Cuando nos encontramos en estado de shock, somos más susceptibles a la manipulación; cuando la mente se nos queda en blanco, es posible que pretendan reescribir nuestra historia. Esto que parece de ciencia-ficción es más real de lo que parece, por lo menos eso demuestra el extenso libro (más de 600 páginas) de la periodista canadiense Naomi Klein titulado “La doctrina del SHOCK. El auge del capitalismo del desastre”. Partiendo del análisis de la doctrina económica de la escuela de Chicago, capitaneada por el Profesor Milton Friedman y cuyo argumentario ideológico se basa en dejar al mercado en libertad total con la consecuente reducción del estado a prácticamente nada, Klein nos plantea un repaso histórico de todos los intentos de aplicación práctica de estos postulados. La escuela de Chicago es una mesa de tres patas: privatización, desregulación y recortes. En su fervor mercantil, parece que todo se arregla dejando a la mano invisible del mercado actuar. Mano no tan invisible, puesto que es necesario un estado fuerte para aplicar tales medidas, que lo derivan, inexorablemente, a su desaparición a favor del poder de las grandes corporaciones.

Desde la dictadura de Pinochet en Chile, Videla en Argentina, o el asesoramiento del antiguo presidente chino Deng XiaoPing, Milton Friedman vio en regímenes autoritarios la oportunidad de llevar a cabo sus proyectos y enterrar así el keynesianismo y la herencia del “New Deal” de Rooselvet. En época de depresión se da ese estado de SHOCK que permite aprovechar la coyuntura para tomar medidas en contra de la ciudadanía avivando, si cabe, la amenaza del marxismo para protegerse de la comunidad internacional.

Las políticas de Thatcher y Reagan, o situaciones de emergencia como la guerra de Irak, han sido contextos que han permitido enriquecerse a grandes empresas mientras se recortaban derechos sociales. La parte en la que describe la guerra de Irak y su reconstrucción a mano de empresas en las que habían formado parte miembros del gobierno de Bush Junior ponen los pelos de punta. Se privatiza todo, hasta la seguridad.

Éste es un libro para reflexionar sobre el poder de esos tan famosos “mercados” que nadie vota, pero que acaban determinando las políticas de un país. Es un libro para pensar, acción tan necesaria en estos tiempos de incertidumbre.

martes, 11 de enero de 2011

TESIS-AMENÁBAR


Muchas veces me han echado en cara que no siga mucho el cine español, obnubilado como estoy por el americano y el asiático. Me defiendo poniendo encima de la mesa el nombre de muchos directores europeos que sigo desde hace tiempo y que admiro bastante. Entre estos, procedente de nuestra Península Ibérica, resaltaría a Alejandro Amenábar. Como admirador del género de intriga, no puedo obviar la grandeza de “Tesis”, una historia que me pareció interesante y en la que cabe destacar, no sólo la interpretación de Ana Torrent, sino los golpes de humor del genial Fele Martínez.

El tema de las “Snuff Movies” es una de esas leyendas de las que se sospecha, pero que parece que no existen. Estas cintas se basarían en violencia real, centrada sobre todo en torturas y violaciones, que serían consumidas por ciertas personas que buscan el deleite de sus mentes torcidas. Otra película sobre estas misteriosas “Snuff Movies” es “Asesinato en 8 milímetros”, protagonizada por Nicolas Cage y Joaquin Phoenix y dirigida por Joel Schumacher. Pero en esa es mejor centrarse en otro momento.

Más tarde, con “Abre los ojos”, Amenábar nos trae el tema -famoso desde la muerte de Walt Disney- de la criogenización. Morir, congelarnos, despertar en el futuro, ser distintos o ser iguales. Una ciencia por descubrir.

Dejo para el final una película que, si no hubiera sido por “El sexto sentido”, se hubiera convertido en la del final más inesperado que he visto jamás: “Los otros”. Una estupenda historia de terror en la que se mezclan unos ingredientes típicos de este género, pero que no dejan, por ello, de gustar: una casa, niños y fantasmas. No se puede pedir más.

Postdata: Recomiendo vivamente ver sus cortometrajes, sobre todo el títulado "Luna". Son geniales.

martes, 4 de enero de 2011

QUITARNOS HASTA EL HÍGADO


Muchas veces uno dice que una cosa en cuestión le cuesta un riñón, o un ojo de la cara, cuando el precio es demasiado caro. Pero qué pasaría si realmente lo que compramos fuese un riñón o un ojo, o un hígado o un páncreas artificiales para poder seguir con nuestra vida. Órganos fabricados por multinacionales a precios descomunales que requieren una hipoteca difícil de pagar.

En la película “Repo men” de Miguel Sapochnick (2010), Jude Law y Forrest Witaker interpretan a unos cobradores que recuperan esa mercancía vital. A diferencia de recuperar coches o casas, se ven obligados a abrir en canal a las personas para poder hacerse con aquel órgano en cuestión que no han podido pagar. Literalmente les cuesta un hígado o un riñón. ¿Avanzará tanto la ciencia como para que puedan fabricarse órganos necesarios del cuerpo humano y no haya que esperar a ningún donante? ¿Seguiremos tan atrasados como para continuar dependiendo de las deudas para poder vivir? Son reflexiones que me planteo constantemente observando los precios de absolutamente todos los bienes que nos rodean y, además, viendo lo poco que nos cuidamos los seres humanos. Si pudiéramos disponer de unos pulmones artificiales o un estómago listos para usarse, quizás la vida sería mucho menos sana, quitando el gran avance médico que supondría. La película establece otra cuestión que no deberíamos soslayar: un gran avance médico controlado por una empresa con ánimo de mucho lucro. Dejar la investigación sólo en manos privadas puede acotar el beneficio a unos pocos privilegiados. Veremos qué nos depara el futuro.