domingo, 6 de marzo de 2011

KARMA


Buda dijo que uno recoge lo que siembra, resumiendo así lo que se conoce como la “Ley del Karma”, doctrina que se basa en la premisa de que todos damos lo que recibimos y recibimos lo que damos, trasmitiéndose estas conductas reencarnación tras reencarnación y supeditando nuestras posteriores vidas hasta que rompamos esa rueda con el Nirvana. A veces pienso que es verdad, no lo de la reencarnación, sino que tu comportamiento te trae consecuencias, negativas o positivas; y otras veces pienso que no. El mundo está muy mal repartido. Sin embargo, es cierto que somos consecuencia de nuestras decisiones y responsables en parte de lo que nos pasa, sin obviar, claro está, que pertenecemos a un sistema en el que todo viene dado como si fuéramos sólo tornillos de un engranaje.

Sobre el Karma destacaría una divertida serie, “Me llamo Earl” (2005).Trata de un joven cuya desastrosa vida da un cambio cuando le toca la lotería. En el mismo instante en que descubre que es millonario, lo atropella un coche y pierde el billete. Estando acostado en la cama del hospital, ve en la televisión un debate sobre el “Karma” y entonces decide dar un giro a su vida haciendo una lista de aquellas cosas malas que hizo en el pasado y que necesita corregir. Una serie genial.

Al día de hoy, siempre tengo la esperanza de que si uno hace lo que cree justo, sin dañar a nadie y actúa con honradez, como dicen muchos viejos, alguna recompensa tendrá. Lo que no sé es ni cuál ni cuándo. El dónde, espero que en esta vida, entre otras cosas porque no creo en ninguna otra.

1 comentario:

  1. Yo también tengo a veces la tentación de pensar en el karma. Sin embargo, creo que las cosas hay que hacerlas porque sí, sin esperar ser recompensados por ello. Desde luego no en el más allá (yo tampoco creo que exista), pero ni siquiera en el 'más acá'.
    El problema es que en nuestra infancia nos acostumbramos a que si nos portamos bien recibimos un premio, y cuando nos hacemos adultos nos pasamos la vida esperando recibir premios a la buena conducta. Y las cosas, para bien o para mal, no son así; pero no somos capaces de despegarnos de nuestro esquema mental inicial.
    Ojalá existiera realmente una ley del karma, pero me temo que seguiremos sintiéndonos frustrados cada vez que veamos que alguien obtiene el éxito que no merece. En todo caso, creo que lo que hace realmente meritorio el hacer las cosas porque son justas es precisamente el saber que seguramente no se verá recompensada esa rectitud.

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