domingo, 11 de abril de 2010

Homeradicto

Lo confieso, no hay un personaje de ficción que me alegre más el día que Homer Simpson. Algunos ven un idiota bonachón que representa todos los cánones del estadounidense medio. Yo veo a un tipo que adapta la realidad a su mundo particular. Que quiere ser rockero, se hace rockero; que quiere ser hippy, pues no le hace falta convertirse mucho puesto que, en palabras de su hijo Bart, ya es sucio y demagogo. Cuando me pido una cerveza en algún bar, me acuerdo de la Duff y si veo a algún parroquiano colgado de la barra, de Lenny, Carl y Barnie. Que me hablan de jefes- empresarios sin escrúpulos, me viene a la cabeza el señor Burns y su aguileño rostro vampírico. Pero la cosa no queda aquí; que vemos corrupción en los periódicos, tenemos al alcalde Quimby, corruptus in extremis. Por no hablar de todo el abanico del colegio de Springfield con sus abusones, sus empollones y su director Skinner, parodia del malo de Psicosis y algún sargento antiguo del Vietnam.

Capítulos como el del día en que Homer comienza a fumar marihuana terapeútica son mezclados con otros un poco más tiernos, como el de la muerte de la mujer del vecino beato Ned Flanders o, por poner otro ejemplo, aquél en el que la madre de Homer reaparece tras llevar muchos años huida de la justicia. Bueno, y esto me recuerda al abuelo Abraham Simpson, auténtico idiota en palabras de los personajes, que también me emocionó en el capítulo en el que, no recuerdo bien, le tocó una fortuna en la lotería o le vino una fuerte herencia y no sabía que hacer con el dinero. Recomendado.

De la ironía y de la crítica de las mentes brillantes de los guionistas, empezando por su creador Matt Groening, no se salva nadie: Iglesia, Estado, política, medios de comunicación -incluida la propia cadena Fox, productora de estos dibujos y que se caracteriza por tener una ideología abiertamente (ultra) derechista. Son cosas que sólo pueden pasar al otro lado del continente.

No paro de acordarme de capítulos, pero mejor dejamos más material para próximos artículos.

Larga vida a Homer.

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